MundoNews

El Vedado, de corazón de la diversión a desierto urbano: así se apaga la vida nocturna en La Habana

De epicentro de la vida nocturna a barrio vacío

Durante décadas, El Vedado fue sinónimo de ocio: los sábados en La Rampa, la calle 23, los alrededores del hotel Habana Libre y la heladería Coppelia garantizaban multitudes, encuentros con amigos y espectáculos hasta la madrugada. Hoy, esa ciudad “ya no existe”: las avenidas amanecen casi vacías, los clubes están cerrados y muchos de los rostros habituales han emigrado; solo quedan quienes no han podido irse.

La crónica de 14ymedio relata un recorrido a pie que comienza en la barriada de La Timba y bordea la Plaza de la Revolución, ante la imposibilidad de tomar transporte por la falta de gasolina. A las diez de la mañana, la céntrica calle Paseo luce como un desierto y atrapar un taxi hasta la avenida de los Presidentes es un lujo inalcanzable.​


Gasolina prohibitiva y contrastes de postal turística

En medio de la crisis energética, un simple papel pegado a un poste con la palabra “Gasolina” y un número de teléfono refleja la economía sumergida que se ha formado alrededor del combustible. Vecinos hablan de precios de hasta 4.000 pesos por litro de gasolina especial, cifra que probablemente ya se ha quedado corta frente al aumento constante.​

El contraste más brutal aparece cuando varios autos descapotables rosados —destinados a pasear turistas— participan en la filmación de un videoclip, mientras a pocos metros se acumula un enorme vertedero. La postal de autos lustrosos, sonrisas para la cámara y basura a su alrededor condensa la brecha entre la imagen turística de La Habana y la realidad cotidiana de sus residentes.​​


Enfermedades, agotamiento y sensación de “ciudad zombie”

La caminata por El Vedado está atravesada por la crisis sanitaria y el avance de enfermedades como el chikunguña. El esposo de la narradora arrastra desde hace meses secuelas de la infección: manos inflamadas, fuertes dolores articulares y un andar lento que se ha vuelto común en quienes superaron la enfermedad.

En la calle D, una mujer camina con ese mismo paso rígido que recuerda a los zombis de la película cubana Juan de los muertos. La comparación no es gratuita: la autora sostiene que en La Habana ya no quedan personas “vivas” para agredir, porque todos son “cadáveres” en vida, asfixiados por la crisis, la escasez y el desgaste emocional. Muchos vecinos recurren a pastillas para “no volverse locos”, como confiesa una amiga que lleva un blíster de calmantes en el bolso.


Calles sin autos, esquinas sin peligro y turismo a medias

El tráfico en la emblemática intersección de 23 y L —a la que la autora llama “aurícula izquierda del corazón de El Vedado”— es tan escaso que podría bailarse en medio de la calle sin miedo a ser atropellado. Solo pasan, esporádicamente, dos adolescentes en scooters y un hombre que agita los brazos frente al cine Yara, símbolo de una ciudad donde perder la cordura se ha vuelto una tentación constante.

Al llegar a la calle Infanta, el olor a orine evidencia el deterioro del espacio público. Frente a Radio Progreso, ancianos piden dinero una y otra vez, mientras un negocio cercano contrata a dos fornidos guardias para impedir que los mendigos se acerquen a sus clientes. La escena se completa con una familia de turistas —los primeros vistos en todo el recorrido— que revisa el menú de un restaurante y pide ayuda para conectarse a internet, frustrada porque la tarjeta SIM comprada a Etecsa “no funciona”. El empleado les explica que el servicio es inestable y que hay horas en las que sencillamente no hay conexión, un choque frontal entre lo que se vende y lo que realmente se ofrece.


El Vedado como espejo de la crisis cubana

La crónica del Vedado revela más que la decadencia de un barrio específico: funciona como metáfora de la crisis estructural de Cuba, marcada por la falta de combustible, apagones prolongados, deterioro de servicios básicos y un éxodo que vacía las calles. Gasolineras sin clientes y sin gasolina, hoteles cerrados, taxis cada vez más caros y servicios de internet deficientes son el telón de fondo de una ciudad que alguna vez fue sinónimo de vida nocturna y hoy lucha por mantenerse en pie.​

En este paisaje, El Vedado ya no es el corazón de la diversión, sino el de una ciudad cansada, donde los que se quedan se mueven entre la nostalgia por lo perdido y la incertidumbre sobre lo que vendrá.

Fuente: Crónica “El Vedado, corazón de la diversión en La Habana, hoy convertido en desierto”, publicada por 14ymedio, y coberturas complementarias sobre la crisis energética y de combustible en Cuba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *